La vergüenza y el orgullo




Quienes me conocen saben que el nacionalismo me es ajeno: creo en el cuestionamiento y la deconstrucción de las identidades, el eclecticismo crítico, el aprendizaje constante. Celebro el mestizaje, a pesar de sus orígenes a menudo violentas, por sus venturosas bellas consecuencias.


Sin embargo, vengo de darme cuenta que existió un momento en que decía "soy italiana", a veces, con orgullo. Fue posible poner entre paréntesis problemas y miserias y solo pensar en buena comida (first and foremost, los guisos de mi madre santa), amig@s entrañables, el pueblo de los abuelos, los trenes cruzando Umbría, las playas del mar Jónico, el atardecer en el Arno, y así.


Luego vinieron los tiempos de las playeras con la frase en seis idiomas "Yo no voté por Berlusconi" - había que disociarse de ese bufón siniestro que nos abochornaba cada que se paraba en un foro internacional, entre otras acciones de diversa gravedad. Una vergüencilla incómoda se me empezó a instalar cada vez que decía "soy italiana", ya difícil de obviar aunque fuera por momentos.


Y ahora, ahora es el acabose. No por el penúltimo jefe de gobierno de dizque-pseudo-izquierda que habla inglés igualito que Peña Nieto e igual da pena ajena. No, esta vez es más grave. Es la gente la que da asco y vergüenza.


Mis paisanos, muchos, muchísimos de ellos, están enfermos de ignorancia y racismo al punto de haber perdido la más básica humanidad. Nomás cuatro casos recientes, cuatro entre muchos:


- Cagliari, Cerdeña. Dos niños prófugos, huérfanos, sufren discriminación en la escuela de monjas donde los inscribieron. Los padres de familia se levantaron en armas. Algunos sacaron a sus hijos, de plano, otros les recomendaron de no acercarse a "esos, que traen enfermedades". Los dos niños usaban (no está claro si por disposición de la escuela o por una suerte de dinámica espontánea ante el racismo y el acoso) un baño separado. Sí, leyeron bien: NIÑOS (8 y 11 años) y HUÉRFANOS.


- Abano, Veneto. El pueblo impide que se acondicione un cuartel abandonado como centro de primera acogida para inmigrantes. El argumento: "Echan a perder la imagen turística de nuestra localidad termal". Hasta el párroco salió con una dura carta pública a regañar a sus feligreses por su falta de cristiana caridad.


- Goro y Gorino, Veneto. Los habitantes levantan barricadas e impiden el paso de un autobús que llevaba al pueblo 12 mujeres (de las cuales una embarazada) y ocho niños, todos huyendo de las historias más crueles y espantosas que se puedan imaginar (Boko Haram, por ejemplo). Sí, exacto, MUJERES y NIÑOS, MUJER EMBARAZADA. Argumentos: "no los queremos", "así empiezan y luego se multiplican, estas paren como vacas", "ya no vamos a tener turismo". Lograron que se les enviara a otros destinos (menos mal finalmente, pobre gente, cómo les iba a ir atrapados en un pueblito de mierda en medio de la nada habitado por semejantes trogloditas, imagínense). Hago hincapié en que el Veneto es una región catoliquísima, y que seguro esa gentuza en Navidad se monta su belén para recordar a una extranjera embarazada que no fue recibida y tuvo que parir en un establo.


- La mismísima Roma capital, barrio de San Basilio. Los habitantes de las casas de interés social insurgen y se manifiestan para impedir que una familia marroquí, regularmente residente en Italia, con tres niños pequeños, tome posesión de un departamento que les fue legalmente asignado. Ajá, otra vez: FAMILIA, NIÑOS PEQUEÑOS. Consigna: “Aquí no queremos negros”. La policía está lista para romper el cerco y darles su casa, pero padre y madre (con niños aterrorizados y llorando, obviamente) deciden mejor renunciar a la vivienda. Claro, quién quiere vivir teniendo miedo al racismo violento de los vecinos cada vez que abre la puerta de casa, teniendo niños además. De nuevo, menos mal: el barrio se distingue por ser una madriguera de mafiosos de quinta, pequeños dealers y otros delincuentucholos surtidos, lo peorcito de la fauna que en Roma se conoce como coatti - qué pesadilla vivir ahí. Según a la familia se le va a asignar otra casa, según. Veremos.


Ahora si tengo que decir "soy italiana" siento asco y vergüenza. Esta gente me ha robado mi Italia mítica y la exijo de vuelta. La Italia mítica resumida en una da las canciones de mi infancia, que regresó a mi mente vía un viaje literario en la antigua Arabia.


Leyendo poesía preislámica, las hermosas diez mu'allaqāt en la puntillosa traducción de Federico Corriente y Juan Pedro Monferrer, me he tropezado con el concepto de 'aṣabiyyah, عَصَبِية . Descubrí que amerita entrada en prestigiados diccionarios de sociología (aquí el enlace, por si gustan). 'Aṣabiyyah tiene que ver con el verbo 'aṣaba, عَصَبَ , 'atar, amarrar, vendar', y con el sustantivo 'aṣab, عَصَب , 'tendón, arteria/vena, nervio'. El concepto de 'aṣabiyyah es bastante complejo, sin embargo, puede resumirse con buena aproximación como 'solidaridad tribal': la absoluta lealtad que, en el código de honor beduino, debía regir las relaciones entre miembros de una misma tribu, generando a menudo sangrientas contiendas y vendettas que podían prolongarse por generaciones entre tribus enemigas. El Islam, de hecho, condenará la 'aṣabiyyah en calidad de factor de fitnah, 'división, discordia' que amenaza la unidad de los musulmanes.


Hasta aquí, nada especialmente emocionante ni nada que me encuentre de acuerdo, tan solo una de las muchas manifestaciones del nacionalismo en la historia de la humanidad – nunca me ha gustado el nacionalismo y no se preocupen, me sigue sin gustar, de hecho lo aborrezco. Sin embargo, aprendo de una nota a mis mu'allaqāt que la 'aṣabiyyah manda que la tribu tiene que defender, hasta la muerte si es necesario, a cualquiera que haya pedido amparo y se haya refugiado entre sus filas. Cualquiera, sin importar su historia y sus eventuales culpas. La generosidad y la hospitalidad son sagradas, y más, el huésped debe ser protegido como uno de los propios. Una vez que la tribu recibe un fugitivo y le otorga protección, es impensable que se la quite y lo entregue a quienes lo persiguen.


Amparo, asilo, sanctuary, en los idiomas que conozco. Aquí sí me emocioné, más, me conmoví. No termino de entender bien por qué (puedo ahora mismo pensar en cierto gobernador veracruzano fugitivo y no me gustaría que nadie le diera refugio, por ejemplo), pero hay algo grande, algo profundo, algo inmensamente noble en esa protección incondicional que abraza al que busca refugio, aun en el caso en que se trate de un criminal. Es como una reafirmación básica de humanidad, humanidad que no se deroga frente a las culpas que el refugiado pueda eventualmente cargar. Una lección que no les haría daño a mis paisanos y a todos los que hoy en día están enfermo de racismo y odio hacia los que llegan huyendo de horrores diversos.


Me acordé de una canción con la que crecí, una canción que cantaban mis tío acompañándose con su guitarra: “Il pescatore”, de Fabrizio de André . La anécdota va de un chico, un “asesino” (del que se intuye, sin embargo, cierto dejo de víctima de las circunstancias), perseguido por la policía, que se encuentra a un viejo pescador dormido en la playa, le dice que tiene hambre y sed, y el viejo le da pan y vino sin preguntarle nada. Cuando llegan los policías que persiguen al joven ("con ojos grandes de niño, con ojos enormes de miedo") el viejo se hace el dormido. Aquí una traducción imperfecta de un fragmento significativo: “Y le pidió al viejo, dame pan / tengo poco tiempo y mucha hambre, / y le pidió al viejo, dame vino / tengo sed, soy un asesino. / Los ojos abrió el viejo a la luz del día / ni siquiera miró a su alrededor / sino que sirvió el vino y partió el pan / para quien dijera tengo sed, tengo hambre”.


El viejo pescador italiano obedeció la 'aṣabiyyah beduina. Y yo aquí, años y siglos después, sin entender completamente el porqué de esta conmoción que me llena el pecho y se me desborda por los ojos.


E versò il vino e spezzò il pane, per chi diceva ho sete, ho fame.


#CaterinaCamastra