2 de octubre


Hace cuarenta y ocho años en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, se evidenció el carácter represor del Estado mexicano, lo que consideramos sería el efecto de dos aspectos cruciales en el devenir histórico y democrático de México: El primero es que el propio Estado - al amparo de un régimen totalitario priista- difícilmente permitiría que su hegemonía se viera afectada por una lucha social que no negocia, que exige; que no se vende, que reclama; y que la clase política en su conjunto -no importando el color, las siglas o las “ideologías”- cerraría filas consigo misma para mantenerse, además de que algunos de sus integrantes si “reclamarían” por los hechos, pero que al final se plegarían a esas prácticas represivas con tal de no perder sus canonjías. El segundo es que esa lucha social y una parte de la sociedad, si tiene la capacidad de organizarse, crecer y tener en sus manos la decisión en cualquier campo, de transformar al país, aún en el electoral, aún cuando ello implique el encumbramiento de algunos protagonistas de las clase política, como ocurrió el 1988 ó en 2006 (esto a pesar de la decisión final de esos protagonistas de abstraerse a la firmeza de defender, hasta sus últimas consecuencias, el voto que recibieron)


En el México actual vemos de manera clara, como esos dos aspectos siguen vivos y para muestra de ello están los casos de Iguala del 26 de septiembre de 2014 y la encarnizada (en lo político, en lo policiaco y en lo judicial) represión en la CDMX a partir del 1º de diciembre de 2012. Hoy hablar de Ayotzinapa es mostrar cómo el Estado y sus fuerzas represivas siguen enseñando la bota contra la juventud estudiantil organizada y combativa. La clase política se exhibe respecto al asunto de los presos políticos en la CDMX, como un grupo cerrado y abyecto que plegándose unos con otros, criminalizan, detienen y juzgan a aquellos que están en su contra, máxime que no tienen sobre ellos ningún control institucional para someterlos, principalmente por ser jóvenes y estudiantes en la mayoría de los casos.


Sin embargo el movimiento por los 43 y sobre todos sus padres y los Estudiantes de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, ha demostrado que no claudicara hasta que haya una verdadera investigación y Justicia. Los presos políticos de la CDMX siguen dejando claro que seguirán luchando, así les vaya la vida de por medio, como es el caso de los compañeros Fernando Barcenas, Fernando Sotelo, Abraham Cortes Ávila, Jamspa y Roque Coca que recientemente iniciaron una huelga de hambre en la exigencia de Libertad y de justicia.


Por lo anterior hoy además de abrirle paso a la memoria por los caídos del 2 de octubre de 1968, alzamos la voz por nuestros 43, porque ¡Vivos se los llevaron, Vivos los queremos! y exigimos a la clase política de la CDMX que sin regateos y chantajes partidistas, aprueben la amnistía para nuestros compañeros detenidos.


Y para el pueblo, dejó la parte del texto de un volante repartido en la marcha del silencio del 13 de septiembre de 1968: “Pueblo Mexicano: Puedes ver que no somos unos vándalos ni unos rebeldes sin causa, como se nos ha tachado con extraordinaria frecuencia…”

#VíctorRogelioCaballeroSierra

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