Una oración, una petición, un alzar la voz y tomar la palabra... para con todos los desgraciados del


En las últimas horas he leído una serie de comentarios por las redes sociales cuestionando o mostrando una negativa ante una masiva petición de oración para los caídos en Francia la noche de ayer. A mi parecer, esta petición no solamente es antisolidaria para con las familias de los muertos, sino hipócrita, pues en esas mismas redes sociales se mostraban orgullosamente imágenes de protestas en ese mismo país por los desparecidos de Ayotzinapa. La solidaridad es algo que no se puede perder entre los pueblos del mundo, de lo contrario la indiferencia se apodera de las mentes, y la indiferencia es la condición de posibilidad para que pervivan toda clase de aberraciones, atrocidades e injusticias.


Sin embargo, lo que me preocupa al seguir las noticias de los medios de comunicación occidentales, es el tono belicista-fascista de los líderes políticos y de los analistas. En 1933 después de que un joven comunista holandés fuera culpado de perpetrar un incendio en la sede del Reichstag alemán, Adolfo Hitler presionó al presidente del Weimar, Paul von Hildenburg, a que firmara un decreto de emergencia para suspender las libertades civiles, con el “fin de contrarrestar la confrontación despiadada del Partido Comunista de Alemania”. Después de aprobarse el decreto, el gobierno realizó arrestos masivos de comunistas por todo el país. Este fue el primer paso del Partido Nacionalsocialista para encumbrar a su líder en el poder, y creo que no es necesario comentar lo que se vendría posteriormente para la sociedad alemana y la comunidad judía.


El 11 de septiembre del 2001, una serie de aviones se estrellaron en diferentes lugares de los Estados Unidos, entre ellos, las Torres Gemelas de Nueva York y en la mismísima sede del Departamento de Defensa en Washington. Después de los ataques, el gobierno norteamericano registró las huellas de miles de árabes y musulmanes; bajo una resolución conjunta avalada por el Congreso, se autorizó el uso de fuerza militar para detener y prevenir el terrorismo internacional; asimismo se aprobó la Ley Patriótica (USA PATRIOT Act), suspendiendo y limitando algunas libertades civiles y derechos constitucionales con el fin de aumentar la seguridad interna. Posteriormente, el primer paso del gobierno de Estados Unidos en su guerra contra el terrorismo mundial, fue la invasión de Afganistán apoyados por la OTAN, el 7 de octubre del 2001. Dos años después, el 20 de marzo de 2003, las fuerzas norteamericanas conjuntamente con las inglesas, invadieron Irak con el argumento de que el gobierno de ese país poseía armas de destrucción masiva.


Ahora, y de la misma manera en Francia, el gobierno de François Hollande ha decretado un estado de excepción, ha cerrado las fronteras y ha declarado la guerra al terrorismo: “Quiero decir a los franceses que estamos en guerra (...), sí estamos en guerra" y "vamos a actuar y a golpear a ese enemigo [yihadista] para destruirlo en Francia, en Europa en Siria y en Irak” (declaraciones del primer ministro Manuel Valls este sábado 14 de noviembre). En este momento la sociedad francesa, de la misma manera que el resto de los países occidentales, son bombardeados con imágenes (generalmente las mismas) de los atentados, más adelante vendrán los testimonios de supervivientes y familiares de las víctimas; al mismo tiempo que una retórica nacional-fascista tenderá a promover el odio hacia los inmigrantes y extranjeros.


Estos comentarios, por un lado, dejan mal parados a todos aquellos que abogaron con solidarizarse con el pueblo sirio y palestino, cuando pidieron recibir y dar refugio a sus miles de desgraciados. Por otro lado, impiden un momento de reflexión y calma, y en lugar de exigir una explicación al gobierno sobre cómo fue posible que se permitieran una serie de ataques en el corazón mismo de Francia, las audiencias lanzarán todo su odio y frustración en contra de los desdichados extranjeros musulmanes o no musulmanes.


En las próximas horas, sino es que ya ha comenzado, la policía francesa establecerá operativos en los barrios pobres de París, con el fin de cazar a los extremistas yihadistas; se realizarán detenciones arbitrarias, torturas para la obtención de información (como las realizadas a comunistas durante la Alemania nazi o las perpetuadas por el gobierno norteamericano contra musulmanes después del S-11) y se violarán los derechos humanos, no sólo de los extranjeros, sino de los mismos franceses (espero que los medios de comunicación los documenten y difundan). Mientras que la OTAN cierra el Mediterráneo al flujo de migrantes y desplazados de guerra. De la misma forma que Francia y sus aliados, tienen el campo libre para intervenir militarmente en Medio Oriente -intervención y operaciones militares que ya llevan varios meses de estar activos, y que una buena parte de la sociedad francesa y europea ha cuestionado y repudiado-. Acciones que nuevamente los medios de comunicación en aquél continente se han olvidado de comentar y sólo se han enfocado en resaltar las operaciones militares rusas en aquella región, operaciones que evidentemente preocupan en demasía a los miembros de la OTAN.


Veo con tristeza la cifra de muertos hasta este momento, que sumadas a las de Líbano ya son un poco más, un poco menos de 200. No dejo de pensar en que las víctimas siempre son inocentes sacrificados en nombre de la nación o del mundo libre y democrático. Así como creo que el móvil de la guerra es la ambición de apoderarse de la riqueza natural, también creo que ésta va de la mano del miedo, el odio y la estupidez humana. Una nueva barbarie se aproxima sobre aquellos países, cuyo único crimen es estar-existir sobre un mar de riqueza llamada gas natural y petróleo. Así pues, una oración, una petición, un alzar la voz, tomar la palabra, para con todos los desgraciados del mundo.


14 de noviembre de 2015

#GersonMorenoReséndiz