Sinuhé, el trepanador

Texto leído el 26 de octubre de 2015 en el mitin realizado frente

a la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF)


La práctica quirúrgica de la trepanación, es decir, de la “perforación de la bóveda craneal con fines terapéuticos” (Comparán 2004: 84), es tan antigua como el nacimiento mismo de la cultura. Entre las culturas ancestrales –y aún a principios de la mal llamada “época contemporánea”-, esta intervención rebasaba el carácter meramente terapéutico, pues el acto de perforar el cráneo tuvo también propósitos rituales y mágicos. El instrumento utilizado para retirar las secciones de hueso craneal, bautizado por los griegos con la voz trypanon -que significa “taladro” o “perforador”-, sirvió para el tratamiento médico de trastornos mentales, epilepsias, hematomas, migrañas y fracturas craneales, así como para la expulsión de humores y espíritus malignos producidos mediante maleficios, encantaciones y posesiones demoniacas. El trepanador era el médico encargado de tan laboriosa tarea.


En el imaginario colectivo occidental, uno de los médicos trepanadores más famosos es el protagonista de la novela de Mika Waltari, Sinuhé, el egipcio, publicada en finlandés en 1945. Inspirado en diferentes relatos históricos-legendarios -entre los que destacan la leyenda del Moisés bíblico y la Historia de Sinuhé en la que se cuenta la vida del funcionario real egipcio llamado Sinuhé durante la crisis política que sucedió a la muerte del faraón Amenemhat I (ca. 1980 a. C.)-, Waltari ubicó a su protagonista en el Egipto faraónico e hizo de él un trepanador real. Trépano, cuchillo de sílex, sierra, pinzas y martillo fueron las herramientas con las que Sinuhé seccionaba los cráneos de los pacientes quienes, previo a la intervención, eran obligados a ingerir “un estupefaciente mezclado con vino” (Collado-Vázquez 2014) para adormecerlos y mitigar el dolor que supone cortar el cuero cabelludo, separarlo de la cabeza, perforar el cráneo, retirar un trozo de hueso craneal y fijar nuevamente el cuero cabelludo con una especie de garfios.


El dolor físico que el médico egipcio Sinuhé producía en sus pacientes resulta, sin embargo, incomparable con el dolor del alma infligido por el gobierno mexicano y las autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de México en el corazón de Lourdes Mejía, madre del tesista de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM Carlos Sinuhé Cuevas Mejía, cobardemente asesinado la noche del 26 de octubre de 2011. ¿Quién o quiénes asesinaron a este Sinuhé provocando un dolor infinito e inconmensurable que en nada puede compararse con el ocasionado por el Sinuhé de Waltari? Gracias al contubernio mafioso y criminal entre el gobierno mexicano y la rectoría universitaria, después de cuatro años, no hay un solo nombre, no hay un detenido, no hay siquiera un proceso jurídico y judicial que se precie de merecer dicha categoría. El Estado mexicano es un Estado criminal porque funciona perfectamente para encubrir asesinos y cuenta, además, con un envidiable sistema de premios, palancas y regalías, con las que incentiva la producción del abominable gremio de los asesinos.


La liberalidad con la que el Estado premia a los asesinos no es igual para todos los del gremio. Entre el matón a sueldo del barrio y el genocida presidencial existe un amplísimo abanico de sicarios, de incentivos y de cargos públicos. La histórica esplendidez del Estado mexicano con los criminales no ha hecho más que institucionalizar al asesino, disfrazándolo de procurador, gobernador, presidente, regente de una cátedra académica o rector universitario. Y es que, en todos los niveles, el mal llamado sistema educativo mexicano no es más que una empresa política fundamentada en la instrucción, en la ciega obediencia y en la prostitución.


Generalmente, las rectorías universitarias funcionan como trampolín para alcanzar gubernaturas, secretarías, embajadas o la dirección de una institución menos noble pero más rentable. Sirva de ejemplo el ascenso de Rogelio Ortega Martínez a la gubernatura de Guerrero el 26 de octubre de 2014, luego de haber ocupado la Secretaría General de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) donde, además, ostentaba el cargo de profesor-investigador del Centro Interuniversitario para la Integración Americana y fungía como coordinador del Cuerpo Académico en consolidación “Instituciones, Democracia y Cambio Político”. Con seguridad, han sido los méritos académicos del señor Ortega los baluartes de su carrera dentro y fuera de la universidad, aunque no podemos desdeñar las informaciones periodísticas en las que se le vincula con el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) y con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Tampoco podemos cancelar la posibilidad de que tal ascenso político se debió a que la Universidad Autónoma de Guerrero es, en realidad, una sucursal de la institucionalizada mafia académica mexicana.


Los registros más antiguos que se conocen de la voz italiana mafia datan del siglo XIII, época en la que el término fue utilizado para referir a la naciente sociedad criminal surgida en Sicilia que, con una estructura jerárquica bien definida, “logró imponer el dominio del terror a sus enemigos y una justicia elemental a sus amigos” (Cook 2006: 367-368, voz “mafia”). Esta mafia siciliana operaba mediante el código de silencio mejor conocido como omertá. El juramento de omertá obligaba a los miembros de la mafia al silencio sobre los delitos cometidos, lo que garantizaba el estado de impunidad necesario para el funcionamiento de tal asociación. En el siglo XX mexicano, este mismo código de silencio se encuentra en las bases fundacionales y operativas de la congregación religiosa y criminal de los Legionarios de Cristo, fundada por el pederasta mexicano Macial Maciel, pero también –aunque de manera no explícita- en las instituciones universitarias de nuestro país.


A Carlos Sinuhé lo asesinó la mafia académica que opera de manera jerárquica dentro de la Universidad Nacional Autónoma de México y que sobrevive y se reproduce mediante el juramento de omertá. Porque, si bien es cierto que Carlos recibió casi una veintena de balazos aquel 26 de octubre de 2011, también es verdad que el crimen se gestó dentro de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) dirigida entonces y ahora por Gloria Villegas Moreno quien, dicho sea de paso, hoy es candidata a la rectoría de la UNAM.


Para bosquejar la forma en que el código de silencio funciona dentro de las universidades y centros de investigación nacionales, me detendré en los usos y abusos de la académica Villegas Moreno. Esta mujer que ostenta, para vergüenza del gremio de los historiadores, los títulos de licenciada, maestra y doctora en historia otorgados por la misma institución que preside, ha ocupado otros puestos “académico-administrativos” nada despreciables dentro y fuera de la UNAM. Villegas ha sido directora del Archivo Histórico Central del Archivo General de la Nación (AGN); coordinadora del área de historia del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH); secretaria del profesorado, secretaria académica y secretaria general de la FFyL; coordinadora del Archivo Histórico de la UNAM y directora de la FFyL en dos periodos. Este prodigio del estudio de la historia ha publicado más de una veintena de libros y más de media centena de artículos de investigación en revistas especializadas, según se lee en su curriculum vitae público. Además, de acuerdo con el mismo documento, ha coordinado los proyectos de investigación Historia y política bajo la perspectiva de los intelectuales y La historia nacional en el discurso político, y ha recibido sendos premios como incentivo a su producción y trayectoria académica. Quizá por modestia, en su hoja de vida publicada en el sitio oficial de la FFyL, la doctora Gloria Villegas Moreno ha suprimido tres de sus logros más aventajados como historiadora profesional, como profesora-investigadora de la Máxima Casa de Estudios y como directora de la FFyL de la UNAM.


Haciendo honor a quien honor merece, quisiera aquí rescatar el valioso papel que Villegas ha jugado en la legitimación de la cultura del plagio, hoy bautizada por algunos académicos disidentes como la plagística contemporánea mexicana, cuyas filas aumentan diariamente con un éxito que estremece las entrañas. La insuperable historiadora tuvo a su cargo la asesoría de las investigaciones de maestría y doctorado defendidas en la FFyL por el no menos insuperable historiador Boris Berenzon. La excelencia del trabajo de investigación realizado en ambas tesis asesoradas por Villegas, por Álvaro Matute y por Helena Beristaín, tuvo sus frutos. Bajo el título Historia es inconsciente, Berenzon vio publicada su tesis de maestría con el sello editorial de El Colegio de San Luis en 1999 y once años más tarde, salió a la luz su tesis doctoral con el título Re/tratos de la Re/vuelta. Sin embargo, el éxito de Berenzon y de su asesora Villegas se vio empañado cuando en abril del 2013 Juan Manuel Aurrecoechea denunció “el plagio de al menos 18 fragmentos de su libro Puros cuentos” en el libro Re/tratos de la Re/vuelta de Berenzon (“La colchita de Berenzon”, sin paginar). Esta fue la primera de un buen número de denuncias por plagio que ha recibido el Investigador Nacional (Nivel III) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), Boris Berenzon. Gloria Villegas Moreno, junto con el resto de asesores, encubrieron éste y otros robos –porque plagiar es robar- erigiéndose como los fundadores de la plagística contemporánea mexicana.


Mención aparte merece la solidaridad y el apoyo que la doctora Villegas ha otorgado a los grupos de choque, a los espías estudiantiles y a los militares infiltrados dentro de la FFyL durante su larga gestión como directora. Probablemente este apoyo forma parte de los trabajos realizados en el marco de los proyectos de investigación que dirige sobre historia, política y discurso. Porque resulta inverosímil que Gloria Villegas, siendo la directora de la FFyL de la UNAM, no haya tenido noticia de que, mediante volantes, correos electrónicos y carteles firmados por Colectivo Revolucionario Emiliano Zapata, Carlos Sinuhé era difamado y amenazado desde el año 2009 al interior mismo de la institución que dirigía entonces y que dirige ahora.


Cabe destacar que, dentro de la facultad, este tipo de prácticas terroristas adjudicadas a colectivos fantasma no eran desconocidas pues de manera similar fue hostigado el estudiante Noel Pavel González González, desaparecido el 19 de abril de 2004. El cuerpo de Pavel fue encontrado sin vida cuatro días después “colgado en una cruz en el Pico del Águila, en las inmediaciones del cerro del Ajusco”, con lesiones en el cuello propias de un ahorcamiento, fractura craneal y evidencias de tortura en las zonas perianal y genital (“Cronología de los Hechos”, sin paginar). La cruz en la que fue colocado Pavel tenía grabada una svástica y la inscripción “EDNA ZMASH” que, de acuerdo con la Liga Mexicana por los Derechos Humanos, son indicios de que el crimen fue perpetrado por grupos de extrema derecha, especializados en tortura, que operan dentro de la UNAM (“Pavel González”, sin paginar). Las autoridades gubernamentales declararon que se trató de un suicidio. En la UNAM y en la ENAH, donde también estudiaba Pavel, reinó la omertá, el código de silencio que permite tal grado de impunidad.


Otra información relevante que es obviada en el honorable curriculum público de Gloria Villegas es el arduo trabajo que ha realizado a favor del diálogo con los estudiantes y de la libertad de expresión y manifestación universitaria. Dado que los documentos probatorios extendidos por la doctora en este rubro son tan amplios como su producción historiográfica, aquí me limitaré a rescatar dos de las actividades que han fortalecido decisivamente el carácter crítico de la FFyL de la UNAM.


Un año después del asesinato de Carlos Sinuhé, los miembros de la Asamblea estudiantil realizaron una ceremonia para colocar una placa en memoria de los estudiantes de la FFyL asesinados en lo que va del siglo XXI. En dicha placa se leían los nombres de Pavel González y de Carlos Sinuhé Cuevas, así como los de Soren Ulises Avilés Ángeles, Verónica Natalia Velázquez Ramírez, Juan González del Castillo y Fernando Franco Delgado, quienes fueron asesinados en Sucumbíos, Ecuador, durante el bombardeo de marzo de 2008. Sin embargo, meses más tarde la placa fue retirada y robada. Hasta el momento, nadie ha dado razón de este plagio y nadie ha tenido la intención de investigar sobre el asunto. Se impudo, nuevamente, el código de silencio y sólo después de las exigencias de la Asamblea, la FFyL colocó una réplica de la placa original.


Si para la directora de la FFyL resulta lícito –y aún deseable- que los “amigos de lo ajeno” robasen esta placa conmemorativa con toda impunidad, es comprensible la complacencia que José Ramón Narro Robles, el mafiosísimo rector que ahora prepara su despedida de tan honorable cargo, ha manifestado al permitir que elementos policiacos –uniformados o no- ingresen en los planteles, destruyan, amedrenten, golpeen e incluso utilicen armas. Con la anuncia del flamante rector, la violación de la autonomía universitaria puede justificarse con declaraciones tan estúpidas como que el policía vestido de civil que tiró balazos en las inmediaciones de la FFyL hiriendo a un estudiante y a una perrita en noviembre pasado, lo hizo porque fue agredido verbalmente cuando investigaba en Ciudad Universitaria el robo de un celular.


Así, los tres logros trascendentales que modestamente la doctora Villegas ha querido obviar en su curriculum vitae, pueden resumirse en una sola palabra: robo. Porque con anuencia del pristísimo rector Narro Robles, Gloria Villegas permite y promueve el robo de investigaciones académicas, mediante el proyecto de ciencia e innovación titulado plagística contemporánea mexicana que ha sido registrado ante el CONACYT, gracias al trabajo de quienes participan en éste siendo miembros del Sistema Nacional de Investigadores. Porque con anuencia del pristísimo rector Narro Robles, la omisión de Gloria Villegas le ha robado un hijo a Lourdes Mejía y un compañero de clases y de lucha a la comunidad universitaria que se mantiene en resistencia desde la huelga de 1999-2000. Porque con anuencia del pristísimo rector Narro Robles, la doctora en historia Gloria Villegas, coordinadora de los proyectos de investigación Historia y política bajo la perspectiva de los intelectuales y La historia nacional en el discurso político, pretendió, sin éxito, robar la memoria histórica de los estudiantes asesinados al permitir que la placa conmemorativa dispuesta por la Asamblea desapareciera del mismo modo que en este miserable país desaparece gente. Gloria Villegas Moreno es una ladrona y, para desgracia nuestra, no es la única.


¿Quién asesinó a Carlos? Claramente, a Carlos Sinuhé Cuevas Mejía lo asesinó la mafia académica mexicana, a sabiendas de que, con el juramento de omertá, está garantizado el contubernio de esta mafia con otra no muy diferente: la mafia del sistema judicial mexicano. Pero, ¿por qué asesinar a Carlos siendo éste un activista universitario de poca ralea? Porque, como el Sinuhé de Waltari, Carlos Sinuhé Cuevas Mejía fue un médico trepanador real.


Inhibido y silencioso, Carlos Sinuhé realizaba delicadas intervenciones quirúrgicas a nivel de cráneo. A pesar de la dureza del hueso que cubre la absurda y cómoda mentalidad de que nada cambia, de que nada puede ser de otra manera, nuestro Sinuhé fue capaz de perforar las ideas fijas arraigadas en el gen priísta del mexicano y retirarlas para construir otros mundos posibles. En el lugar que antes ocupaban los segmentos de cráneo extirpados, nuestro Sinuhé colocó semillas, muchas semillas que hoy ya están dando sus retoños.


Aunque con un dolor indecible, con su muerte Carlos Sinuhé trepanó la bóveda craneal de su madre para sembrar semillas de empatía, de indignación, de subversión, de disidencia, de verdad y de justicia. Enraizadas en el corazón de la señora Lourdes Mejía, en ese corazón que se duele, en ese corazón rabioso, en ese corazón incansable, las semillas se han convertido en flores y nosotros, los que estamos aquí exigiendo Verdad, Justicia y Castigo para los responsables materiales e intelectuales del asesinato de nuestro compañero Sinuhé, somos los retoños, los vástagos, los brotes de las semillas que atesora Lourdes Mejía en su cabeza y en su corazón.


¡No perdonamos! ¡No olvidamos!

¡No nos cansamos! ¡No nos rendimos!

¡No nos vendemos! ¡No claudicamos!

¡Carlos Cuevas, no has muerto camarada!




Referencias


COLLADO-VÁZQUEZ, Susana y J. M. CARRILLO (2014), “La trepanación craneal en Sinuhé, el Egipcio” en Neurología, vol. 29, núm. 7, sin paginar, disponible en http://www.elsevier.es/es-revista-neurologia-295-articulo-la-trepanacion-craneal-sinuhe-el-90351313, última consulta: 22 de octubre de 2015.


COMPARÁN RIZO, Juan José, Félix Alberto LÓPEZ GONZÁLEZ, Elia Susana LÓPEZ GONZÁLEZ y otros (2004), Diccionario de tecnicismos y cultismos de origen grecolatino, Guadalajara: Umbral.


COOK, Chris (2006), Diccionario de términos históricos, Madrid: Alianza.


“Cronología de los Hechos” en Pável González: contra el olvido y la impunidad, disponible en http://pavelgonzalezg.blogspot.mx/p/cronologia-de-los-hechos.html, última consulta: 22 de octubre de 2015.


“Gloria Villegas Moreno” en sitio oficial de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, semblanza disponible en http://www.filos.unam.mx/viejo/directora, última consulta: 22 de octubre de 2015.


“La colchita de Berenzon (múltiples y extensos plagios en libros y tesis de Boris Berenzon)” en Yo (también) quiero un trabajo con el de Boris Berenzon, 1 de mayo de 2013, disponible en http://yoquierountrabajocomoeldeboris.blogspot.mx/2013/05/un-estafador-de-los-buenos-multiples-y.html, última consulta: 22 de octubre de 2015.


“Pável González” en Pável González: contra el olvido y la impunidad, 2 de octubre de 2012, disponible en http://pavelgonzalezg.blogspot.mx/, última consulta: 22 de octubre de 2015.


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