Las putas no parimos asesinos #DíadelaIndignación



“Las putas no parimos asesinos” leí en una de las miles de pancartas que pasearon desde el metro Auditorio (dado que los policías federales se ocuparon de sitiar el feudo de Los Pinos para defenderlo de las hordas de bárbaros que ahí nos reuniríamos) hasta la Plaza de la Constitución el pasado sábado 26 de septiembre. ¡Me encantó!


Sí, me asumo como la puta que soy porque en una sociedad como la mexicana, si no te ciñes al corsé de la inocente, bien amaestrada y amorosa hembra proyectada por la filosofía hombruna, eres puta. Soy puta porque soy libre. Soy puta porque nadie me mantiene. Soy puta porque me junto con otras putas. Soy puta porque soy una Persona del sexo femenino que Utiliza su libertad de expresión y de Tránsito sin tener que pedirle Autorización a nadie. Soy puta porque soy P.U.T.A. y, además, soy puta letrada. Por eso, debo advertir lo que el conservador Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) apunta sobre el asunto. Según este compendio del saber, la puta y la prostituta son la misma cosa, a saber, se definen como la “persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero”. Mientras para el término “prostituta” el DRAE acepta el masculino “prostituto” con la misma definición, no existe el puto que, como la puta, coge por dinero. El “puto” es definido como un adjetivo de “calificación denigratoria” que resulta “encarecedor”, o bien, es el hombre “necio” o “tonto” que “tiene concúbito con persona de su sexo”.


Así, las prostitutas y los prostitutos son las personas que se dedican al oficio de la prostitución. El sentido común indica, entonces, que si coloquialmente a las primeras se les llama cariñosamente “putas”, lo mismo debería suceder con los prostitutos. Sin embargo, el libro del “buen hablar” decreta, sin justificación alguna, que el puto y la puta no comparten el mismo sentido. Mientras la puta trabaja ofreciendo sexo y produce su propio capital, el puto es el que es penetrado o penetra a otro puto por placer, por lealtad, por amor o sepa dios por qué, pero al no cobrar por sus profundos servicios sexuales, se concibe como un sujeto que opera al margen del sistema capitalista. Los putos no venden, los putos follan y son follados. Las putas venden y, si no fuera por el patriarcado capitalista que convierte su oficio en un trabajo forzado, se beneficiarían de las virtudes del gran capital, ganando su propio dinero para gastarlo en lo que les viniera en gana.


Si hoy aceptamos los vocablos “presidenta”, “jueza”, “médica” y “ministra”, debemos aceptar también la voz “puto” para referirnos a los sexoservidores (sean o no homosexuales) y el término “puta” para calificar denigratoriamente a quienes lo merecen. Una mera cuestión de equidad lingüística de género. Sin embargo, muchas feministas y algunos feministos se sienten vulneradas y vulnerados al escuchar las emotivas consignas dedicadas a los parásitos en el poder que retumban en las marchas:


Que lo vengan a ver, que lo vengan a ver

Ese no es presidente, es una puta de cabaret

Tan simpático, tan agradable, tan fascista el hijo de su puta madre. Que la chingue, que la chingue, que la chingue y la re chingue por puto, por puto, por puto y prostituto, por hijo de la chingada, al son de su puta madre. Noche de cabaret, de cabaret

La justificación de la hostilidad con la que son recibidas estas consignas por los compañeros homosexuales, transgénero y travestis, bien la explicó en 2013 Emmanuel Álvarez Brunel del Bloque Rosa:


Me cuesta mucho entender como a los “compañeros revolucionarios”, que hablan de clases sociales, hablan del capitalismo y de la opresión, les cuesta comprender que las Putas son un grupo oprimido, que lo son también las Lenchas, los Putos/Maricones, las Mujeres, lxs Trans… Como hemos dicho desde el Bloque ROSA, no sólo nos oprime la clase. El género y la sexualidad son motivos de violencia, de odio, de castigo social, de explotación. Sin embargo, siguen gritándole a los políticos “Puta de Cabaret” o “Puto prostituto”, y a las políticas, a la Gaviota y a cualquier mujer les siguen diciendo “Putas”. ¿Qué es ser Puta? Me encantaría saberlo para conocer lo que les molesta tanto de esta palabra. ¿Por qué es tan difícil para las personas que parecen tan sensibles y solidarias con otros grupos entender esto? Nosotrxs también tenemos a nuestrxs muertxs, a nuestrxs detenidxs, a nuestrxs violadxs, golpeadxs, violentadxs. Tal vez deberían escucharnos más seguido, acercarse a nuestras marchas y escuchar nuestras demandas. ¿Por qué les parece normal que un insulto sea Puto Peña? Puto yo, y lo digo con orgullo. Peña es muchas otras cosas: asesino, feminicida, violador de derechos humanos, represor, títere, traidor, pero ¿puto? ¿Y si lo fuera? ¿Por qué es una ofensa? (Álvarez 2013, sin paginar)


Pues bien, como la puta que soy me atrevo a glosar este legítimo texto. Quisiera compartir con Emmanuel (que ojalá llegue a leer esto) y con el resto de las personas que participan de este sentir, mi óptica al respecto. No sin acierto, Jorge Vázquez, vocero de las autodefensas legítimas de Michoacán, repite con tenacidad que tenemos que dejar de hablar con el lenguaje del sistema. En este sentido, el sistema es el DRAE porque desde ahí se impone lo que es decible y lo que es indecible. Si el compañero se pregunta “¿Qué es ser Puta?”, claramente tiene al menos dos opciones para despejar su duda: ir al DRAE y copiar la definición sancionada por el sistema o entrevistar directamente a una puta. Si se decanta por el segundo ejercicio, verá que hay tantas putas como mujeres pues, incluso las mujeres que “ofenden” a otras mujeres gritándoles “putas” no se han podido salvar de que en algún momento alguien también las haya señalado con esa voz o, bien, que las haya hecho sentir como lo que según el DRAE es una puta. No hay mujer en México que se salve de ser puta, aunque tristemente aún somos muy pocas las que aceptamos nuestra condición de P.U.T.A.


Me resulta ciertamente esquizoide que mientras los políticos de todo el mundo se han cobijado en la sancionada definición de “democracia” -que según la DRAE es la “doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno” o el “predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado”- para enmascarar la rapiña, el asesinato, la tortura, el fraude electoral y desvirtuar el sentido y la significación de la voz “representación”, nosotros hemos sido incapaces de hacer una operación similar.


Si los genocidas han puesto desde hace más de un siglo la palabra “democracia” en boca del mundo entero y en su nombre se han cometido miles de atropellos sin la anuencia de los pueblos a los que las democracias dicen servir, ¿por qué nosotros nos escandalizamos de que a Peña Nieto se de grite puto, prostituto e hijo de la chingada? Simple: porque intentamos, sin éxito, revolucionar nuestra dialéctica con los Otrxs tomando “al pie de la letra” lo que debería ser y no lo que es. No hemos aprendido a jugar con nuestras propias cartas. No nos atrevemos a interpretar al margen del sistema.


Enrique Peña Nieto sí es un puto, un prostituto y un hijo de la chingada. Para los amantes del “buen hablar”, aquí la interpretación sancionada por el DRAE. Todos conocemos las declaraciones de Agustín Humberto Estrada Negrete y de Raúl Bojorges sobre el gusto de Peña por tener “concúbito con persona de su sexo”. Todos hemos certificado que Peña es un “necio” pues continúa alabando sus reformas estructurales a pesar del descontento social y, durante su gestión como gobernador del Estado de México, con necedad negó que la demarcación es un campo de exterminio de mujeres. Todos sabemos que Peña es un “tonto”, es decir, una persona “con escaso entendimiento o razón” porque es incapaz de citar el nombre y el autor de tres libros, porque él no es la señora de la casa, porque su esposa murió de… “intempestivamente”, porque el IFAI es el Instituto de Acceso a la Opinión Pública. Además, ya ha quedado claro que miles de millones de mexicanos lo desprecian, por lo que el calificativo “puto” le va como anillo al dedo.


Peña es un prostituto porque forma parte del burdel de las naciones. Para nadie debería ser un secreto que, así como los griegos practicaban la pederastia como método pedagógico, los políticos del mundo –incluido Marcial Maciel- históricamente han construido espacios VIP en donde, además de ocuparse de negociar, se recrean frotándose sus cuerpos como seña de lealtad. Esto es vender sexo, querido lector, y este sexo se paga con el erario público, con las licitaciones a modo, con las privatizaciones, etcétera. Baste echar un vistazo a la historia de los balnearios y baños públicos que, en todo el mundo, funcionaron como el espacio de la política hombruna y de la didáctica del homosexualismo “de closet”.


Peña es un hijo de la chingada porque la chingada es la violada y, perdone usted, pero muy dudoso es que la devota María del Perpetuo Socorro Ofelia Nieto Sánchez, hija de Constantino Enrique Nieto Montiel y, por tanto, pariente cercanísima de Arturo Montiel Rojas, haya concebido a este monstruo desde la experiencia de la libertad de la P.U.T.A. Sanjuana Martínez en Las amantes del poder bien retrata las singulares demostraciones de amor que estos enfermos con poder dan a sus cónyuges y amantes. Peña es un hijo de la chingada, es un hijo de la violada por los intereses económicos.


Peña sí es una puta de cabaret porque vende y negocia lo que no es suyo en Cumbres, Encuentros, Congresos y demás. Y es que, para quien aún no lo sepa, el Moulan Rouge no es más que la imagen sofisticada y eufemística del “mal necesario” de la trata de blancas. Como espacio de desenfreno, el cabaret francés es la taberna latina y


la taberna latina comenzó siendo un lugar hecho con tablas (tabulae) es decir: un chamizo, una choza, una chabola, una cabaña. A partir de aquí se pude entender que una taberna era una casa de pobres, y también una casa de mal vivir; prostíbulo, lupanar y casa de lenocinio. Seguramente esta casa de putas tuvo alguna relación con las chozas que las prostitutas hacían en los caminos con ramas (de donde rameras); y es probable que de habitación o casa pobre nacieran las acepciones dichas y las siguientes: tienda, hostería, despacho y almacén de vinos […] Así, en una gradación de lugares donde se expende alcohol la taberna ocupa uno de los últimos lugares, por debajo sólo está la tasca, y por encima el bar, el pub y otros. (Calles 2011: 292, voz: “taberna”)


¿No son las Cumbres, en realidad, un gran cabaret VIP pagado por los ciudadanos de todo el mundo, donde abunda el alcohol, las drogas, las orgías y vaya usted qué cosas más? ¿Cree usted que los políticos “se sientan a trabajar” en esas reuniones nacionales e internacionales? ¿Recuerda usted el grito de “¡Ánimo Montana!”? Pues eso, nomás que mucho más elegante y, por supuesto, más caro, son las mesas de trabajo de las putas y los putos (prostitutas y prostitutos) que son los políticos del mundo. Y así como la puta de la taberna, al ser explotada por el padrote, vende y negocia el cuerpo que ya no es suyo, de la misma manera los políticos venden los recursos y las vidas que no son suyos, para que sean explotados por el padrote de la democracia.


Feministas y feministos, mariconas y maricones, putos y putas del mundo, como la P.U.T.A. que soy me sumo a todas la luchas por una vida digna e incluyente. Me asumo como feminista, pero creo firmemente que si no somos capaces de interpretar y reinterpretar sentidos y significados, flaco favor nos hacemos. Uno de los mayores éxitos del nacionalsocialismo alemán fue, sin duda, la capacidad del sistema para resignificar los símbolos. La svástica milenaria que entre los hindúes significaba bienestar y buena fortuna, fue convertida en el signo de la superioridad alemana durante la primera mitad del siglo XX y, para nuestra desgracia, es esa su connotación vigente (Heller 2005). ¡Gran idea fue esa de resignificar a conveniencia!


¿Por qué parece que somos incapaces de hacer a un lado nuestra mexicanísima susceptibilidad, dando paso a la apropiación de los términos del sistema para resignificarlos? ¿O es que usted, querido lector, considera que México es un país más incluyente luego de que la FIFA investigara la “conducta inapropiada” de los nacionales que gritaban “¡Puto!” a los guardametas del equipo contrario en 2014? ¿No considera usted que, antes que rasgarse las vestiduras por ese “¡Puto!” colectivo, la FIFA y los gobiernos del mundo tendrían que haber exigido cárcel para los exdiputados panistas Sergio Eguren Cornejo y Rafael Medina Pederzini, por la agresión sexual contra una ciudadana brasileña en el mismo Mundial?


Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre porque, a diferencia de los putos, prostitutos e hijos de la chingada como Peña, nosotros sí podemos discurrir, conversar, fundamentar, incluir, significar, resignificar y llegar a acuerdos. Nosotros sí producimos cultura y, por tanto, somos capaces de subvertir la tradición sancionada por el sistema para crear un lenguaje ajustado a lo que es y no más, a lo que debe ser.


28 de septiembre de 2015




ÁLVAREZ BRUNEL, Emmanuel (2013), “El machismo en la marcha del #1DMX 2013” en Bloque Rosa, 2 de diciembre de 2013, disponible en https://bloquerosa.wordpress.com/2013/12/02/el-machismo-en-la-marcha-1dmx-2013/, última consulta: 28 de septiembre de 2015.


CALLES, José (2011), Procedencia de las palabras extravagantes, Madrid: Libsa.


HELLEN, Steven (2005), La svástica. ¿Un símbolo más allá de la redención?, México: Océano.




#AnelHernándezSotelo

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